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Don Quijote de la Mancha
 
 

Don Quijote de la Mancha [Paperback]

Miguel Cervantes

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Product Details

  • Paperback: 1056 pages
  • Publisher: Vintage; 1 edition (Mar 9 2010)
  • Language: Spanish
  • ISBN-10: 0307475417
  • ISBN-13: 978-0307475411
  • Product Dimensions: 20.3 x 13 x 4.8 cm
  • Shipping Weight: 780 g
  • Amazon Bestsellers Rank: #63,553 in Books (See Top 100 in Books)

Product Description

Excerpt. © Reprinted by permission. All rights reserved.

PRIMERA PARTE DEL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

CAPÍTULO PRIMERO
Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo don Quijote de la Mancha

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordar­me, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacien­da. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de entresema­na se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cin­cuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de ros­tro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada o Quesada, que en esto hay alguna diferen­cia en los autores que deste caso escriben; aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.

Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que esta­ba ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballe­rías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejer­cicio de la caza y aun la administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de to­dos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famo­so Feliciano de Silva, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fer­mosura. Y también cuando leía: Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora del mereci­miento que merece la vuestra grandeza.
 
Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la prome­sa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar —que era hombre docto, gradua­do en Sigüenza—, sobre cuál había sido mejor caballero:Palme­rín de Ingalaterra o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del mesmo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar, era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga.

En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro,130 de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de penden­cias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y dis­parates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas sonadas soñadas inven­ciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo. Decía él que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballe­ro, pero que no tenía que ver con el Caballero de la Ardiente Espa­da, que de sólo un revés había partido por medio dos fieros y des­comunales gigantes. Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había muerto a Roldán, el encantado, valién­dose de la industria de Hércules, cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre los brazos. Decía mucho bien del gigante Morgan­te, porque, con ser de aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable y bien criado. Pero, so­bre todos, estaba bien con Reinaldos de Montalbán, y más cuan­do le veía salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en allende  obó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, según dice su historia. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de Galalón, al ama que tenía y aun a su sobrina de añadidura.

En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más estraño pen­samiento que jamás dio loco en el mundo; y fue que le pareció con­venible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitar­se en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo menos, del imperio de Trapisonda; y así, con estos tan agra­dables pensamientos, llevado del estraño gusto que en ellos sen­tía, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba.

Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos si­glos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo, pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de encaje, sino morrión simple; mas a esto suplió su industria, porque de cartones hizo un modo de media ce­lada, que, encajada con el morrión, hacían una apariencia de celada entera. Es verdad que para probar si era fuerte y podía estar al ries go de una cuchillada, sacó su espada y le dio dos golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo que había hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que la había hecho peda­zos, y, por asegurarse deste peligro, la tornó a hacer de nuevo, po­niéndole unas barras de hierro por de dentro, de tal manera que él quedó satisfecho de su fortaleza; y, sin querer hacer nueva experien­cia della, la diputó y tuvo por celada finísima de encaje.
 
Fue luego a ver su rocín, y, aunque tenía más cuartos que un real y más tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban. Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría; porque, según se decía él a sí mesmo, no era ra­zón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estu­viese sin nombre conocido; y ansí, procuraba acomodársele de ma­nera que declarase quién había sido, antes que fuese de caballero andante, y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón que, mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y le cobra-se famoso y de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicio que ya profesaba. Y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memo-ria e imaginación, al fin le vino a llamar Rocinante:147 nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo.
 
Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar don Quijote; de donde —como queda dicho— tomaron oca­sión los autores desta tan verdadera historia que, sin duda, se debía de llamar Quijada, y no Quesada, como otros quisieron decir. Pero, acordándose que el valeroso Amadís no sólo se había contentado con llamar...

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139 of 140 people found the following review helpful
5.0 out of 5 stars Geting to know Don Quixote in Spanish!, May 14 2005
By J. Ammerman - Published on Amazon.com
This review is from: Don Quijote de La Mancha / Don Quixote (Hardcover)
This review is intended for English speaking folks who want to read Don Quixote in the original Spanish.

When in my twenties I first read an English translation of Quixote in an undergraduate literature class. At the time I enjoyed how the book was arranged - stories within stories, the humor, Quixote's idealism and his reaction to the world. The professor told us that it is a book whose messages change as we age. She recommended that we read it again when we reached our 40s and 50s, and it would have a whole new set of meanings for us. So it does. Now - in my forties - when I read Don Quixote I see a man who has been disappointed by his lack of accomplishments and dismayed by the state of the world around him. I see myself.

I am re-reading Don Quixote slowly, one to three chapters per day. A pace, I believe, Cervantes intended. It is a pace that allows for reflection. I first read a chapter of the English translation, then I read it in Spanish. I began this project with the Don Quixote editions I had on hand: an archaic 18th century translation by Tobias Smollet left over from college, and an artsy tourist copy of Don Quixote I picked up years ago in Mexico and never read. By the fifth chapter it became apparent that this would not do. Relying on an inaccurate archaic English translation to help me understand Cervantes' archaic Spanish was not working out. Also, the Mexican copy, printed on brittle, acid paper, held together in a glued binding, was falling apart. I sensed a pretext to buy books!

For my modern English translation I chose Edith Grossman, and for the Spanish version I am reading this edition from the Real Academia. I selected Grossman for her modern, yet formal Latinate translation that suits Cervantes' Golden Age Spanish. I chose this Real Academia edition for it copious footnotes and glossary.

This being a Spanish edition, the footnotes and glossary are, of course, in Spanish. And while a footnoted archaic word, or antique expression is often explained in equally confusing and obscure modern Spanish, I still nevertheless find the footnotes more and more useful as I work my way along. In my opinion they alone double the value of the book. In addition to this, the physical properties of the book itself make it under-priced. The binding is textbook style, sewn, not glued. The pages are thin, yet not easily torn. This edition is for readers, not decorators. There are no illustrations by famous or semi-famous artists. And although the spine is attractive, it would be wasted as a decoration. This is an edition that welcomes being read, marked up, highlighted, and returned to again in twenty years.

24 of 27 people found the following review helpful
4.0 out of 5 stars This is a very good edition., Feb 27 2005
By Armando "Armando Franco" - Published on Amazon.com
This review is from: Don Quijote de La Mancha / Don Quixote (Hardcover)
This Spanish edition includes footnotes in every page explaining the archaic words. Without them, the book is not readable. I had bought another edition and could not understand many sentences. The footnotes explain places, names, and provide commentary on consistency errors that the text has.

I decided to read the book on its 400th anniversary. I had tried before when I was fifteen, but did not get to page 100. I have finished the first book, and I'm in the process of reading the second one.

As some have noted, some insights of Don Quijote are still modern. He talks, for instance, about the way that people that go to college are better paid than soldiers, when soldiers risk their lives and health. Also, about how entertainment is vulgar because the masses likes it that way (hence the term, from vulgo), and other subjects that remain current.

I am going to finish the book, but it takes effort. I have been reading for two months, reading other books in between.

15 of 16 people found the following review helpful
5.0 out of 5 stars Don Quijote, April 19 2006
By Patricia F. Highet - Published on Amazon.com
This review is from: Don Quijote de La Mancha / Don Quixote (Hardcover)
If you want anything in English to help you, this is not for you, BUT,if you have some Spanish (in my case 1 college year) this is a great way to tackle Don Quijote. There are many footnotes explaining words whose meanings have changed and some obscure references. The physical quality of the book--paper, print, and binding--is remarkable for the price.
 Go to Amazon.com to see all 21 reviews  4.9 out of 5 stars 

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