Pedro Juan, de profesión periodista, empleo actual buscavidas con vocación de contemplador estático de la realidad circundante y superviviente de la crisis de los 90, vive en una azotea-cuartería, con hambre, sin ilusiones ni esperanzas en un futuro mejor entregado a la promiscuidad sexual desenfrenada, al alcohol y al contrabando para poder malamente subsistir el día a día, marcado por la miseria mas absoluta, rodeado de jineteras (prostitutas) a las que no le daba reparo sacarle el dinero, juntándose con traficantes de drogas, bisneros (vendedores) para sacar unos pesos para comer, rodeado de ruinas y de la fauna humana que forma el microcosmos mas pobre de La Habana donde por unos dólares la gente no duda en degradarse física o moralmente, un lugar donde el sol todos los días le recuerda que sale para iluminarle el camino a la supervivencia les guste o no.
Una recopilación de relatos autobiográficos contados en primera persona enmarcados en la etapa más sórdida y decadente de la Revolución Cubana en los años 90, con un realismo crudo, sucio y explicito, usando un lenguaje sencillo, directo sin ambiguedades ni dobles sentidos nos describe escenas de sexo explicito, lujuria ligadas al alcohol, violencia y de falta de escrúpulos morales tales y como han sucedido sin matices ni colores, negro sobre blanco, sin sombras ni contrastes, como la vida misma. Un libro políticamente incorrecto pero delicioso.